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lunes, 20 de julio de 2026

Audiencia General 24 de Junio de 2026




LEÓN XIV

AUDIENCIA GENERAL

Plaza de San Pedro
Miércoles, 24 de junio de 2026

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Los documentos del Concilio Vaticano II III. Constitución Sacrosanctum Concilium 4. El misterio eucarístico

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días y bienvenidos!

Seguimos con las catequesis sobre los documentos del Concilio Vaticano II, en particular sobre la Constitución Sacrosanctum Concilium (SC) sobre la Liturgia.

Cuando san Agustín quiere explicar a los nuevos bautizados el misterio del Cuerpo de Cristo, retoma el pasaje de san Pablo que hemos escuchado: «Vosotros sois el cuerpo de Cristo, y sus miembros cada uno por su parte» (1 Cor 12, 27). Y añade: «Recibís el misterio que sois vosotros. A eso que sois, respondéis “Amén”, y al responder (así) lo rubricáis. Escuchas, pues: “Cuerpo de Cristo”, y respondes: “Amén”. Sé miembro del cuerpo de Cristo, para que tu “Amén” responda a la verdad. […] Sed lo que veis y recibid lo que sois» (Sermón 272).

Justo después de haber evocado la Última Cena de Jesús, la Constitución sobre la Liturgia habla de la Eucaristía con estos acentos agustinianos. Para los cristianos, formar parte de la mesa del Señor significa que «sean instruidos con la palabra de Dios, se fortalezcan en la mesa del Cuerpo del Señor, den gracias a Dios» (SC, 48). Recibiéndolo en su Palabra y en la Eucaristía nos convertimos en lo que recibimos. Nos convertimos en el Cuerpo cuya Cabeza es el Cristo resucitado, sentado a la derecha del Padre (cfr Col 1, 18), el cual nos prepara un lugar en los cielos (cfr Jn 14, 3): la Eucaristía es así el sacramento del Reino que viene. Es el Pan del camino, que nos conduce hacia la Patria celeste, hasta el día beato en el que «Dios sea todo en todo» (1 Cor 15, 28).

La asamblea litúrgica ofrece el Sacrificio «no sólo por manos del sacerdote, sino juntamente con él» (SC, 48). En esta perspectiva, la Eucaristía es la forma del sacrificio espiritual de los cristianos (cfr Hb 13, 16; Rm 12, 1), en cuanto camino de la unión con Dios y de la unión recíproca. Al participar en ella, aprenden a que «se perfeccionen día a día por Cristo mediador en la unión con Dios y entre sí, para que, finalmente, Dios sea todo en todos» (ibid.). Así, incorporándonos a Cristo, la Eucaristía nos enseña a adoptar el estilo de vida del mismo Señor Jesús, marcado por el don gratuito de sí mismo. Este don nos hace entrar, por esto, en la dinámica de la unidad, que ofrece un poderoso antídoto a los fermentos de división que amenazan nuestro mundo, nuestras comunidades, nuestras familias, nuestro corazón (cfr SC, 47).

Queridos, cuando participamos en la Eucaristía somos invitados a escuchar la Palabra de Dios y a nutrirnos en la mesa del Señor, donde Él mismo se ofrece al Padre. Estas dos partes de la Misa, la Liturgia de la Palabra y la Liturgia eucarística, «están tan íntimamente unidas que constituyen un solo acto de culto» (SC, 56).

En lo que se refiere a la Palabra, es necesario recordar que no se trata solamente de adquirir un saber intelectual sobre las Escrituras, sino de recibir la Palabra «viva y eficaz» (Hb 4, 12), dirigida por Dios a todos y al mismo tiempo a cada uno, Palabra que nutre y alimenta junto al Pan eucarístico y nos hace pasar de la decadencia del pecado a la vida nueva en Cristo. «La Eucaristía nos ayuda a entender la Sagrada Escritura, así como la Sagrada Escritura, a su vez, ilumina y explica el misterio eucarístico» (Benedicto XVI, Exhort. ap. postsin. Verbum Domini, 55).

El Concilio Ecuménico II ha pedido: «ábranse con mayor amplitud los tesoros de la Biblia, de modo que, en un período determinado de años, se lean al pueblo las partes más significativas de la Sagrada Escritura» (SC, 51). La reforma litúrgica ha traducido esta petición en ese tesoro que es el Leccionario, es decir, el libro que recoge todas las Lecturas bíblicas para las celebraciones litúrgicas. Tal amplitud se ha extraído de la fuente más pura de la Tradición viviente, que combina la «sana tradición» con «el camino a un progreso legítimo» (SC, 23).

El inicio del capítulo II de la Constitución sobre la Liturgia está entretejido con referencias al gran río de la Tradición, que va desde los Padres de la Iglesia hasta nosotros. Lo cito: «Nuestro Salvador, en la Última Cena, la noche que le traicionaban, instituyó el Sacrificio Eucarístico de su Cuerpo y Sangre, con lo cual iba a perpetuar por los siglos, hasta su vuelta, el Sacrificio de la Cruz y a confiar a su Esposa, la Iglesia, el Memorial de su Muerte y Resurrección: sacramento de piedad, signo de unidad, vínculo de caridad, banquete pascual, en el cual se come a Cristo, el alma se llena de gracia y se nos da una prenda de la gloria venidera» (SC, 47).

Queridos hermanos y hermanas, acudamos con fe a esta fuente de vida divina y dejémonos transformar por el misterio que celebramos.
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Resumen leído en español por el Santo Padre

Queridos hermanos y hermanas:

Retomamos hoy el ciclo de catequesis dedicadas a los documentos del Concilio Vaticano II, en particular sobre la Constitución Sacrosanctum Concilium (SC) que trata de la liturgia.

Con un acento agustiniano, este texto conciliar invita a los cristianos a que «sean instruidos con la palabra de Dios, se fortalezcan en la mesa del Cuerpo del Señor, den gracias a Dios» (SC, 48). Cuando recibimos al Señor en su Palabra y en la Eucaristía, nos convertimos en aquello que hemos recibido. De esta forma, la Eucaristía es anticipo del sacramento del Reino que está por venir y, a la vez, nos enseña a adoptar el estilo de la vida de Cristo, entregando la propia vida. Por otra parte, la Palabra edifica también nuestra relación con el Señor, haciéndonos pasar de la decadencia del pecado a la vida nueva en Cristo.

Acudamos con fe a esta fuente de vida divina, que son los sacramentos, y dejémonos transformar por aquello que celebramos.
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Saludos

Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua española. Recibamos con fe los sacramentos y pidamos al Señor, que se nos da en la Eucaristía y en la Palabra, que transforme nuestra vida en Cristo y nos haga suyos. Que Él nos enseñe a participar, cada día con más fruto, de su presencia real, signo de unidad y vínculo de caridad. Que Dios les bendiga siempre. Muchas gracias.




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sábado, 30 de mayo de 2026

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Audiencia General, 27 de mayo de 2026 - Papa León XIV




Audiencia miembros de la Renovación Carismática Católica, 30 de mayo de 2026—Papa León XIV



Qué testimonio tan hermoso y conmovedor. Las herencias que no son materiales —como la fe, los valores, la espiritualidad y las vivencias compartidas— son sin duda los legados más profundos y significativos que una madre puede dejar. Ese tipo de herencia se transforma en una guía, un refugio y una fuente inagotable de fortaleza y paz para toda la vida.

 

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lunes, 25 de mayo de 2026

Presentación de la encíclica Magnifica Humanitas del Papa León XIV | 25 mayo 2026



Discernir el futuro de la humanidad

El Papa León habla mediante metáforas, pero también con referencias a la historia, en su discurso pronunciado en el Aula del Sínodo, con motivo de la presentación de Magnifica humanitas, la primera encíclica de su pontificado publicada esta mañana, 25 de mayo. Nunca antes había ocurrido que un Papa estuviera presente en el Aula en la que se presenta al público uno de sus documentos magisteriales. Es también la primera vez que, además de cardenales y profesores, junto al Pontífice están sentados expertos en alta tecnología. Una señal de la importancia y la atención que se le da al tema tratado en la encíclica, símbolo y síntoma de la «gravedad del momento» que se vive y que provoca preocupación en la Iglesia, llamada a «descifrar las cosas nuevas a la luz del Evangelio y de la dignidad del hombre». Una inquietud a la que, sin embargo, León XIV contrapone la confianza:

La confianza de que, juntos, podemos discernir las grandes cuestiones de nuestro tiempo y, por lo tanto, el futuro de la humanidad

Siguiendo los pasos de León XIII

Hace ciento treinta y cinco años, el Papa Pecci observó la situación de los obreros y las familias desarraigadas y empobrecidas por la rápida transformación industrial y «comprendió que la Iglesia no podía permanecer al margen». En un momento de «cambio epocal» que «amenazaba la dignidad humana», escribió entonces la encíclica Rerum Novarum. Con el mismo espíritu, el Papa Prevost —quien firmó simbólicamente la Magnifica humanitas el 15 de mayo, día de la publicación de Rerum Novarum— dice sentirse «llamado a contemplar otra gran transformación con los ojos de la fe, con la lucidez de la razón, con la apertura al misterio y con los gritos de los pobres y de la tierra que resuenan en mi corazón».

Este es el sentido de las aproximadamente 200 páginas, fruto de una reflexión de diez años dentro de la Santa Sede sobre las nuevas tecnologías y la Inteligencia Artificial, la cual hoy en día afecta «muchos ámbitos de nuestra vida», influye en las decisiones y está «cambiando radicalmente la forma en que se libra la guerra».





Leon XIV

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